En los tiempos que corren, todos hemos oído hablar de la diabetes. Sabemos que se trata de una patología producida porque, por unos motivos u otros, exista una cantidad excesiva de glucosa en la sangre de una persona, con todo lo que ello puede llegar a conllevar. Pero de lo que suele hablarse mucho menos es de sus efectos sobre la salud de nuestra boca, y la verdad es que la relación entre una cosa y otra es enorme.

Pero… ¿cómo puede afectar la diabetes a nuestra salud oral?

Lo cierto es que son numerosas las enfermedades bucales que pueden derivar de la diabetes, pero la más importante de todas es la enfermedad de las encías. Como sabemos, una dolencia gingival no tratada correctamente puede acabar en pérdida de piezas dentales o disminución del tejido de las encías, y por esto resulta vital acudir a un especialista si el diabético nota molestias, sangrado o inflamación en la zona.

Otras patologías que pueden aparecer como consecuencia de la diabetes son las aftas en el interior de la boca o una fuerte sequedad que puede provocar dolor o úlceras. También se pueden dar diversos tipos de infecciones como la candidiasis bucal.

Para evitar padecer cualquiera de estas dolencias, es conveniente seguir una serie de precauciones que nos harán tener controlados los efectos que la diabetes puede producir en nuestra boca. Como primera medida, resulta obvio que controlar el nivel de glucosa en sangre es clave para evitar sorpresas desagradables. De igual forma, la higiene dental es básica: un cepillado después de cada comida ayudará en gran medida a prevenir problemas, y si esto lo acompañamos del uso del hilo dental, más aún. Pasar por nuestra clínica dental periódicamente para comprobar el estado de nuestra boca será también siempre una buena idea. Y por supuesto, hay que tener en cuenta que uno de nuestros mayores enemigos es el tabaco, con lo que conviene evitar su consumo.

Independientemente de todas estas medidas, lo que el paciente debe tener claro por encima de todo es que si padece de diabetes deberá dar cuenta de ello a su dentista, para que a partir de ahí el especialista actúe en consecuencia. No es lo mismo informar, por ejemplo, de una inflamación gingival en caso de ser diabético que en el de no serlo.

Así pues, queda demostrada la relación que puede tener esta enfermedad con posibles problemas bucodentales pero también está claro que, si sabemos cómo actuar, estas consecuencias pueden ser prevenidas y controladas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *