Hace años, hablar de ortodoncia era referirnos a la población infantil. Niños y niñas con la dentadura por desarrollar, a los que se les colocaban los famosos brackets para que sus dientes se formasen y alineasen de forma adecuada durante el crecimiento. Sin embargo, en nuestros días esto ha cambiado mucho, y es el público adulto el que cada vez recurre con mayor frecuencia a la ortodoncia para verse mejor gracias a una sonrisa perfecta.

Pero, como sabemos, en la edad adulta nuestra preocupación por la imagen es mucho mayor que en la niñez. Por este motivo, muchas personas se plantean someterse a un tratamiento de ortodoncia pero acaban renunciando a la idea cuando lo piensan con tranquilidad. El motivo suele ser siempre el mismo: los incómodos y antiestéticos brackets.

Así las cosas, en los últimos tiempos está cobrando fuerza una alternativa que todavía es una gran desconocida para el gran público. Una solución que tiene todas las virtudes de la ortodoncia tradicional pero eliminando los principales inconvenientes que hacían recular a la mayoría de los pacientes. Hablamos de la ortodoncia invisible.

¿Y de qué se trata exactamente? La ortodoncia invisible consiste en colocar sobre los dientes unos retenedores totalmente transparentes y fabricados a medida de nuestras piezas dentales, con lo que conseguimos una adaptación perfecta y una discreción inigualable. Y es que hay que estar realmente cerca, a escasos centímetros, de la persona que los lleva para darnos cuenta de que los está usando.

Pero caeríamos en un error si pensásemos que todas las ventajas pasan por lo meramente estético y no mencionásemos, por ejemplo, todo lo que supone llevar un aparato mucho más suave que los brackets tradicionales. Además, detalles como la posibilidad de quitarlos durante las comidas o en el cepillado de dientes para volverlos a colocar al terminar hacen que este sistema se imponga con claridad en lo que a comodidad se refiere. Por si esto fuera poco, hay que añadir que la duración de un tratamiento de ortodoncia invisible es, por lo general, sensiblemente inferior a la de los brackets, superando rara vez los 18 meses.

En cuanto a su funcionamiento, hay que destacar las modernas técnicas que se utilizan. Y es que (tras analizar nuestra situación bucodental) mediante un programa tridimensional se obtiene un tratamiento que refleja el proceso que irá desde la ubicación actual de nuestras piezas dentales hasta la deseada.

Razones sobran, por tanto, para confiar en esta novedosa técnica que está llamada a sustituir el sistema tradicional de ortodoncia. El fin de los odiados brackets se acerca en favor de la funcionalidad y la comodidad.

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