La placa dental aparece mencionada en multitud de anuncios de productos de higiene bucal y clínicas dentales, así que no resulta difícil oír hablar de ella si estamos pendientes de la publicidad durante un rato. Conocemos entonces el término, ¿pero sabemos con exactitud de qué nos están hablando?

 

La placa dental bacteriana es una capa prácticamente inapreciable a simple vista (dado su color blanquecino tirando a amarillento) que se aloja en nuestros dientes, encías y lengua debido a la acumulación de bacterias, gérmenes y restos de alimentos. Esta mezcla, unida a la acción de la saliva, provoca la producción de ácidos que deterioran las piezas dentales. Además, si dejamos que el tiempo pase sin darle solución a la placa dental daremos lugar, por ejemplo, a la formación de sarro.

 

Los dos problemas más frecuentes que podemos sufrir derivados de la presencia de la placa dental son dos tipos de infecciones:

 

  • Caries: los ácidos nocivos de la placa (procedentes de alimentos y bebidas, muchas veces con alto contenido de azúcar) acaban generando una desmineralización en el diente que destruye sus materiales de forma progresiva.

 

  • Enfermedad periodontal: en este caso los tejidos dañados son los que sirven de soporte a los dientes, tanto la encía como la zona ósea. La aparición de la periodontitis tiene unos signos muy evidentes, ya que las encías presentan enrojecimiento y fácil sangrado.

 

Esta patología se manifieste de forma bastante visible.

Sería un grave error esperar a que esto suceda para tomar las medidas correctas contra la acción de la placa dental. Y la forma más efectiva de combatirla es, sin lugar a dudas, la higiene bucal diaria. Con una limpieza después de cada comida, impediremos cualquiera de estas consecuencias, no dando a las bacterias y gérmenes el tiempo que requieren para adherirse y atacar a nuestra dentadura.

 

La clave es el hábito.

Si la tomamos como hábito, resulta muy sencillo seguir una higiene correcta. Para eliminar todo resto de bacteria, lo más aconsejable es hacer uso no sólo del cepillado (con fuerza, en movimientos circulares y usando una pasta dentífrica rica en fluoruro) sino también del hilo dental, que es capaz de llegar a los espacios interdentales que no puede alcanzar ningún cepillo. Como medida complementaria, nunca sustitutiva, se puede añadir la utilización de un enjuague bucal antiplaca.

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